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Es incuestionable que las trabajadoras y los trabajadores hemos cargado con el mayor impacto de la crisis económica y de los inicios de la tan anunciada recuperación. Este sufrimiento se ha materializado en un vertiginoso crecimiento del desempleo y en una potentísima devaluación salarial que se ha cebado, principalmente, con los más vulnerables: los más precarios y entre quienes tienen salarios más bajos. Las jóvenes generaciones no alcanzamos a recordar tiempos tan dramáticos como los vividos durante los últimos 10 años. Quedará grabado en nuestra memoria colectiva.

Durante esta etapa de crisis, toda una serie de (contra) reformas en nuestro sistema de relaciones laborales han instalado unos dispositivos que petrifican la estrategia de ajuste y devaluación salarial, y dificultan la lucha contra la precariedad laboral. Ese ha sido el objetivo. La precariedad laboral y los bajos salarios como norma social en el mercado de trabajo para fortalecer los sectores empresariales que se desenvuelven y compiten en sectores de bajo valor añadido. Impulsar el proceso de externalización del riesgo asociado al mercado del capital al trabajo.

La consecuencia lógica de esta estrategia es que el crecimiento económico de los últimos años, situándose alrededor del 3% de media y llevándonos a superar los niveles de riqueza que producimos previos a la crisis, no se ha trasladado a los salarios ni a la calidad del empleo que se genera. Por el contrario, son las empresas y sus dueños quienes verdaderamente se han visto favorecidas. Así los beneficios empresariales y los dividendos crecen de forma notable. No hay reparto; no hay distribución. Estamos ante un modelo que consolida la desigualdad y la precariedad laboral.

Ante este panorama CCOO ha puesto en el centro de todas sus actuaciones la lucha contra la precariedad laboral y los bajos salarios que afectan, especialmente pero no solo, a jóvenes y mujeres. Esta es la tarea principal que tenemos en esta etapa y que venimos desplegando tanto en movilizaciones como en el diálogo social.

El reciente Acuerdo Estatal de Negociación Colectiva (AENC) alcanzado entre CCOO, UGT y la patronal (CEOE y CEPYME) es un paso más en este proceso de hacernos cargo de los desafíos que suponen, al menos para CCOO, la precariedad laboral y los bajos salarios. No es ningún fin, sino que es un hito que nos proporciona una herramienta útil para el desarrollo de nuestra acción sindical en las empresas y sectores productivos, en los procesos de negociación colectiva que en estos ámbitos llevamos a cabo.

Decía que situábamos el foco en los salarios más bajos. En efecto, el año pasado se alcanzó un acuerdo, con el Gobierno de entonces, para incrementar el Salario Mínimo Interprofesional hasta los 12.000 euros anuales en 2020. Esto supone una subida de un 19%. Junto a aquel acuerdo, el reciente AENC conviene en situar, de manera progresiva, un salario mínimo de convenio de 14.000 euros anuales. Esta medida no es de aplicación directa, sino que se tendrá que acordar en las negociaciones de convenio que se den en adelante. No será nada fácil y requerirá grandes esfuerzos por parte del sindicato. Debemos ser ambiciosos y firmes porque estamos hablando de la mejora de las condiciones de los sectores más precarizados y con peores salarios. Por ejemplo, 800.000 son los jóvenes asalariados a jornada completa entre 16 y 34 años que tienen un salario anual inferior a 14.000 euros y, por tanto, pueden verse beneficiados de este acuerdo. Además tendríamos que sumar a aquellos que están a jornada parcial, pero que es imposible cuantificar el número de afectados por desconocer el salario anual.

Asimismo, del AENC se derivan medidas audaces, que deberán tener un desarrollo en el ámbito de negociación con el Gobierno, para combatir el gran problema que caracteriza el mercado de trabajo desde hace largo tiempo: las altísimas tasas de temporalidad. La temporalidad, y la rotación laboral que conlleva, está asociada a un salario inferior, a menos probabilidades de formación en la empresa y a mayores dificultades de acceder a la protección social por desempleo. Al mismo tiempo, es un potentísimo dispositivo que disciplina a las y los trabajadores, para que no lleven a cabo reivindicaciones e impedir que se comprometan sindicalmente allí donde desarrollan su trabajo. Es urgente poner fin a esta situación que sufren millones de trabajadores. Por ello, el acuerdo tiene como objetivo mantener y dotar de estabilidad al empleo a través de un dispositivo que permita a las empresas en épocas de dificultades económicas llevar a cabo procesos de reducción de jornada que estén asociados a formación, sin que el trabajador se vea perjudicado en su protección social ni en su retribución.

En CCOO somos conscientes que el contenido del AENC es necesario pero no suficiente. Necesario porque es una herramienta útil ya que orienta la negociación colectiva en empresas y sectores. No obstante, supondrá un gran esfuerzo trasladar estos acuerdos a los diversos perímetros de negociación. En gran medida debido a que las (contra) reformas laborales han desequilibrado el poder de negociación entre capital y trabajo a favor del primero gracias a aspectos como la prevalencia del convenio de empresa sobre el convenio de ámbito superior; las enormes facilidades para modificar las condiciones de trabajo, los descuelgues de convenio o llevar a cabo despidos objetivos; la limitación de la ultraactividad.

El Gobierno no tiene que renunciar a la construcción de un nuevo marco de relaciones laborales que reequilibre el poder entre los agentes sociales en legítima disputa y promueva un empleo de calidad que ofrezca seguridad, certidumbre y suficiencia económica a los trabajadores. Algunos de los aspectos sobre los que debería legislar se subrayan en el acuerdo con la patronal. Es el caso de la ultraactividad. Para otros, como los comentados más arriba, tendrá que buscar los apoyos parlamentarios necesarios con el objetivo de sacarlos adelante.

El AENC es un muy buen acuerdo. Nos permite dar la pelea frente precariedad laboral y los bajos salarios. Sin embargo, España debe abandonar la estrategia incrustada en el marco de relaciones laborales que promueve la precariedad laboral y el ajuste salarial como norma. Para ello es necesario el concurso del Gobierno y la acción legislativa. CCOO permanecerá en el lugar que corresponde: exigente en la defensa y ampliación de los derechos laborales y la mejora de la condiciones de vida de las clases trabajadoras a través de la movilización y el diálogo social.

Carlos Gutiérrez CalderónSecretario Juventud y Nuevas Realidades del Trabajo de CCOO

Secretario Juventud y Nuevas Realidades del Trabajo de CCOO