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Durante los últimos meses hemos vivido diferentes movilizaciones de los pensionistas a raíz de una mísera revalorización de las pensiones, el 0,25%, resultado de la reforma unilateral que realizó el Partido Popular en 2013. Aquella reforma supuso introducir el índice de revalorización de las pensiones actuales que desvincula el crecimiento anual de las pensiones del incremento de los precios y es por ello que los pensionistas actuales están perdiendo poder de compra. Pero también se introdujo el factor de sostenibilidad que supondrá, a partir de 2019, que la Seguridad Social fije la primera pensión del nuevo jubilado teniendo en cuenta la esperanza de vida de su generación durante los últimos cinco años. En la práctica se han situado a las pensiones en la senda de una devaluación progresiva y constante que afecta a los pensionistas de hoy, pero también y de forma más profunda a las generaciones que se jubilen en las próximas décadas.

Los pensionistas se mueven. Las marchas por unas pensiones dignas convocadas por CCOO y UGT iniciaron su andadura en septiembre del pasado año y finalizaron en una gran movilización de pensionista en Madrid. Además estos mismos sindicatos junto a diversas plataformas y asociaciones de pensionistas han venido convocando desde entonces concentraciones descentralizadas en las capitales de provincia de nuestro país. El último gran hito fue el pasado día 22 de febrero. La convocatoria de concentraciones concitaron un gran apoyo pudiéndose observar un gran aumento en la participación de los pensionistas. La indignación entre los pensionistas crece. Salto cuantitativo.

Esta creciente inflamación social entre los pensionistas es entendible y normal. Durante los años más duros de crisis económica y aún en la actualidad, ha sido la pensión del abuelo o la abuela el único sustento para muchas familias. El sistema público de pensiones ha resistido bien el azote de la crisis económica y se convirtió en uno de los pilares amortiguadores de situaciones dramáticas que han sufrido numerosos trabajadores. La familia como sustento ante el infradesarrollo de nuestro estado de bienestar. Este esfuerzo de las familias y los pensionistas en la tan cacareada recuperación económica no se ha visto recompensado. Así mientras el crecimiento a nivel macro está alrededor de un 3%, se supera el nivel de producción de bienes y servicios que teníamos antes de esta década de crisis económica y los beneficios empresariales aumentan de forma notable, las pensiones se revalorizan un 0,25%. Estamos ante el gran problema de España en la actualidad: una recuperación económica que no mejora las condiciones salariales de trabajadores ni las pensiones de los pensionistas. ¡Es la distribución, estúpido!

Se está construyendo un amplio consenso entre los pensionistas en relación al injusto trato que están recibiendo y que demuestra una notable y creciente capacidad movilizadora. Sin embargo, el debate de fondo sobre qué sistema público de pensiones queremos no está teniendo capacidad de concitar la complicidad y la movilización de sectores sociales que actualmente no son beneficiarios del sistema. Las generaciones que actualmente están en activo en el mercado de trabajo, observan lo que sucede con nuestro sistema público de pensiones desde una posición ajena y pasiva. Y este fenómeno se acentúa entre la juventud. Las generaciones más jóvenes somos por la distancia pero también por nuestra precaria situación laboral y por la falta de expectativas sobre la capacidad de construir una larga carrera laboral, quienes más alejados del debate y la movilización nos encontramos. Asumimos de facto la pérdida del derecho a una jubilación digna. Este fenómeno es preocupante porque es la juventud un colectivo al que la reforma del sistema de 2013 va a afectar con más severidad. Según un estudio realizado por CCOO un joven que se jubile de forma ordinaria en el año 2052 verá reducida su pensión con el sistema implantado por el PP en un 23,1% por la acción del factor de sostenibilidad1. Además habrá que añadir el impacto que tendrá el índice de revaloración durante el conjunto de años que esté como pensionista.

¿Cuál es el futuro del sistema público de pensiones? Este es el debate que se está dando en la actualidad. Y dependerá de las políticas que se apliquen hoy. Las organizaciones que actualmente están convocando las exitosas movilizaciones de pensionistas deben ser capaces de desbordar su actual perímetro y aspirar a implicar en la movilización a la juventud que observa ajena el debate de fondo que se está dando. Estamos obligados a tejer una red de solidaridad intergenracional en la movilización por nuestro modelo de pensiones. Por su parte, la juventud debemos vernos interpelados. Debemos actuar e incidir hoy. Mañana será tarde. La tensión se encuentra en si optamos por un sistema público de calidad, de carácter universal, de solidaridad intergeneracional e interterritorial, que permita llevar una vida digna a los jubilados del futuro. En definitiva, si queremos un sistema como el que ha regido hasta la reforma del PP de 2013. O si por nuestra inacción se implanta un sistema de pensiones asistencial, marginal y caracterizado por el “sálvese quien pueda”… ahorrar como dijo Rajoy. La batalla es, por supuesto, de nuestros padres y abuelos por unas pensiones de calidad a corto plazo. Pero también nuestra. Afrontémosla.


1  Criterios del estudio: Empezó a trabajar a los 26 años, con una carrera de cotización en base máxima