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Hace unas semanas algunos youtubers estuvieron en boca de todo el país. De repente empezaron a salir en medios convencionales rostros que estamos más acostumbrados a ver en pequeñas pantallas. El motivo, desgraciadamente, ha sido el de siempre: la evasión de impuestos en Andorra.

Un tema de actualidad pero que para nada es nuevo. Mientras saltaba la noticia de que El Rubius decidía cambiar su domicilio fiscal, muchos recordábamos que los youtubers en esto tampoco han descubierto la pólvora. Antes les precedieron Monserrat Caballé, Marta Sánchez, Alberto Contador, Fernando Alonso y un largo etcétera de patriotas a tiempo parcial. Personajes muy diferentes pero que suelen basar su defensa en el mismo argumento: si estuvieses en mi lugar, harías lo mismo.

Precisamente porque sabemos de dónde venimos no nos iríamos. Sabemos que sin solidaridad no se mueven los pueblos. Tengo 26 años, he hecho todo lo que se me ha pedido y hoy le debo más al Estado de lo que llegaré a ganar nunca. He ido cinco años a la universidad y siempre ha sido gracias a las becas. Y no me vale el cuento del esfuerzo. Compaginé las clases con un trabajo y ni por esas podía permitirme que el Estado no se hiciese cargo de mis estudios.

No solo yo, también mi familia. Mi hermano tiene 32 años y desde los tres ha convivido con una enfermedad crónica. Desde esa edad lleva medicándose y teniendo que ir al médico más de lo que le gustaría y de lo que un seguro privado le dejaría. Todos los meses se administra una medicina que sin la contribución de la Seguridad Social rondaría los 1.000 euros.

Además, sabemos qué ocurre cuando ese dinero no llega. Hace diez años mi abuela se quedó en una silla de ruedas. Hicimos como pudimos la infinita burocracia necesaria para pedir la ley de la dependencia. Un día cualquiera después de haber asumido que ella ya no estaba, llegó una carta: nos concedían después de dos años una ayuda económica para sus cuidados. Se trataba de una cantidad insuficiente y tardía. No sois los responsables directos de nuestras miserias, pero vuestro egoísmo contribuye a circunstancias como esta.

Que no nos hablen de esfuerzo ni de sacrificio porque sabemos perfectamente lo que significan cada una de sus letras. Llevamos toda la vida trabajando, contribuyendo a hacer un país mejor con unos buenos servicios públicos. Si ahora que trabajamos más de 8 horas al día y estamos con el agua al cuello no se nos ocurre hacer trampas, ¿por qué lo haríamos si nuestra cuenta no nos quitara el sueño como lo hace cada día?

Estamos muy cansados de tener que decidir entre comer o tener una vivienda, estudiar o conseguir un trabajo, tener vida social o ir al psicólogo. Bastante dura se nos hace la vida como para dar alas a discursos que fomentan que nos quiten lo poco que todavía nos cuida.

Para eso sirve vuestro dinero y el nuestro, para hacer este lugar un poco más habitable y menos hostil. Para que ningún joven tenga que dejar de estudiar porque su familia no tiene dinero para pagarle la universidad. Para que ninguna mujer tenga que dejarse la espalda, los nervios y las lágrimas cuidando de sus hijos porque no puede pagar una guardería. En definitiva, para que vivir no se convierta en una tortura cada día.

Da igual que nos pongamos en vuestro lugar, lo diríamos con la misma firmeza. Jamás nos iríamos, porque sabemos que en lo público nos va la vida.

Cristina García Rodríguez (@__CristinaGR) es periodista y militante de Jóvenes CCOO.

* Artículo publicado originalmente en la revista Trabajadora.